COVID-19: ¿Qué sigue?

abril 1, 2020 - Por Inbound Logistics Latam
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COVID-19: ¿Qué sigue?

Para sustentar nuestras reflexiones ante la recesión económica consecuente de esta pandemia, nos permitimos esta vez hacer eco de uno de los economistas y escritores más premiados y leídos de los últimos tiempos en España y el mundo hispano, Fernando Trias de Bes; quien habiendo nacido en Barcelona en 1967 y estudiado Ciencias Empresariales tanto en prestigiadas universidades de Europa como de Estados Unidos, se ha descubierto como laureado escritor de ensayos y ficción, definiéndose a sí mismo como “un hombre del Renacimiento que nació por error en el siglo de la Especialización”. Como empresario fundó la empresa Salvetti & Llombart, Consultoría Especializada en Consumo, de la que es actualmente presidente; y como académico se mantiene activo atendiendo cátedra en la ESADE Business School de Barcelona, desde 1994.

“A los economistas suelen pedirnos predicciones sobre el futuro, sin comprender que no podemos predecir. A lo sumo, estimar”, suele señalar Trias de Bes. Y es que la economía no es una ciencia exacta como la física, sino una social, cuyas innumerables variables a considerar en un fenómeno, hacen imposible la creación de leyes absolutas y universales. Siempre es difícil estimar, por el grado de incertidumbre, según explica.

Sin embargo, sin saber exactamente qué pasará en un largo plazo, sí conoce por qué las medidas económicas tradicionales no están sirviendo en estos momentos, qué se está haciendo para evitar el colapso, y qué sucederá como consecuencia a mediano plazo; inquietudes cuyas respuestas compartimos a continuación.

 

¿Por qué es éste un fenómeno sin precedentes?

Los flujos económicos que han perfilado el capitalismo y su sistema de consumo hasta el día de hoy, están colapsados por el fenómeno de confinamiento. De la noche a la mañana se generó un alto en dicho flujo, porque a excepción de alimentos, fármacos y servicios de primera necesidad, el consumidor común no puede salir de casa a comprar nada. La única alternativa es vía online, la cual todavía representa en promedio, apenas un acotado 10% del comercio global. A esta parálisis se le llama “crisis de demanda”, y alcanza también las actividades de inversión, pues por obvias razones quedan postergadas durante la emergencia.

Cuando hay una crisis de demanda, lo que normalmente recomiendan los economistas son: políticas fiscales, estimulación de la demanda, facilidades de crédito y aumento del gasto público. Hemos visto como en los últimos días se ha puesto a disposición una oferta de crédito para familias, empresas y prórrogas de pago por parte de algunos bancos. En México, el gobierno ha solicitado solidaridad de parte de empresarios, bancos e instituciones de crédito y desarrollo para pausar los cobros, por poner un ejemplo. Estos instrumentos económicos se practicaron en la crisis de 1929 y la de 2008, pero esta vez, no funcionarán del todo. Por mucho crédito que nos den o por muchos impuestos que nos bajen, uno sigue confinado en casa, por lo que los economistas ahora tienen que diseñar nuevas estrategias.

Por otro lado, -explica Trias de Bes- hay una “crisis de oferta”: los comercios y tiendas no pueden ofrecer sus productos, y por tanto el sector logístico no puede distribuir, entregar o transportar las mercancías que normalmente gestionaba. Por otro lado, no tiene sentido que las empresas sigan produciendo, porque no pueden sacar al mercado sus productos, con lo cual empieza a haber suspensión de proveeduría y suministros, provocando también paros técnicos en las fábricas. Además de la afectación al canal de distribución, tampoco las personas pueden ir a trabajar. Al no tener las empresas actividad, se cancelan contratos de publicidad, capacitación, consultoría, y el B2B queda también sin posibilidades.

 

¿Qué se hace normalmente para paliar las crisis de oferta?

Las empresas ofrecen incentivos y planes de desarrollo al personal clave, se construyen infraestructuras nuevas, e incluso el Estado llega a controlar ciertos sectores estratégicos como los farmacéuticos y algunas materias primas necesarias para productos y servicios básicos. No obstante ello, estas estrategias tampoco sirven de mucho en estos momentos, porque las mismas empresas están imposibilitadas para ofrecerlas, a excepción del citado control del Estado que, llegado un punto extremo, pudiera activarse en algunos países.  

Al no servir las medidas económicas tradicionales, la circunstancia se convierte en un fenómeno sin precedentes, en el que no hay experiencia que sirva; sucedió de forma abrupta y nos recuerda que la economía finalmente son personas, las cuales detenidas en estado de confinamiento, detienen irremediablemente el sistema de consumo y la economía completa.

 

¿Qué se está haciendo para evitar el colapso?

Comprendiendo la incapacidad de las fórmulas para paliar los flujos económicos colapsados, tratemos de comprender lo que pasa con los flujos financieros. ¿Qué sucede con el pago de salarios, hipotecas, créditos y reinversiones?

Al no tener dinero para hacer frente a esos compromisos por la falta de consumo, las empresas empiezan a plantearse despedir gente, y por tanto la gente no podrá pagar hipotecas, préstamos, seguros y otros compromisos contractuales. Ante una situación así, el Estado tiene que intervenir para evitar el colapso, y para ello colocar dinero en el sistema. Primero se extienden los llamados “Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE)”, estrategias por medio de las cuales, las empresas se declaran en paro, sus empleados quedan despedidos y el Estado les paga hasta el 70% de sus salarios, para que éstos puedan pagar básicamente sus hipotecas y préstamos, y que no se colapse el sistema financiero. Por otro lado, el Estado ofrece esquemas de financiación para las empresas, para que éstas puedan también pagar sus deudas y compromisos. Y por último, el Estado declara una Moratoria Fiscal, intentando que el tiempo no corra.

Cuando el Estado actúa de esta manera, usualmente condiciona a las empresas a que terminando la crisis, recuperen la plantilla laboral que tenían antes de que ésta comenzara, para evitar un desempleo masivo. En este contexto, lamentablemente los profesionistas independientes o autónomos son los que más padecen y sufren, al no contar con esquema de prestaciones estatales que los respalden.

En síntesis. ¿Qué se está haciendo para evitar el colapso? Que el tiempo no cuente y que el dinero fluya a pesar de contar con una economía mermada.

 

¿Qué efectos pueden tener estas soluciones después?

Los Estados tendrán que endeudarse para rescatar a la economía, a costa de imprimir dinero sin respaldo e inyectarlo en la población. Cuando el confinamiento termine, la gente volverá a la actividad y el sistema se reactivará, pero muy lentamente. El miedo habrá hecho lo propio, por lo que se empezará a vivir bajo lo que los psicólogos conocen como “economía de guerra”: habrá desconfianza, dudas y miedo respecto al futuro, por tanto, el nuevo consumidor será muy, muy cauto. La gente perderá confianza temiendo se repita la circunstancia, por lo que gastará en prioridades, llevando su consumo prácticamente a niveles de sobrevivencia. Además, no todo se recuperará al mismo tiempo, pues todos los productos vinculados al tiempo presencial, se van a perder; es decir, si la gente no fue al cine en un mes, no irá el doble de veces al salir del confinamiento.  

 

¿Qué pasará con el déficit?

Obviamente no habrá quitas bancarias, pues bancos y Estados se habrán endeudado y habrá que recuperar lo perdido. ¿Cómo lo harán? Reducción de ayudas, bajar el gasto público, y por supuesto, más presión fiscal tanto para el ciudadano como para el pequeño comercio y las empresas, y todas las moratorias y créditos se tendrán que seguir pagando. ¿Qué panorama queda? Sin duda, una economía ralentizada con poca capacidad para generar empleo e inversión.

 

¿Volverá todo a la normalidad?

“Sí, pero en nueva realidad. La economía caminará más lentamente. Cada mes de confinamiento representará medio año de paro para las empresas y medio año de dificultades económicas para las personas; sin embargo, vamos a descubrir muchas cosas y aprenderemos a vivir con menos”. Lo penoso es que la gente olvida rápido, termina diciendo el economista y escritor Fernando Trías de Bes.

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