Crecimiento a costa de desarrolloo

febrero 22, 2017 - Por Adriana Holohlavsky
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Quienes nos han seguido a lo largo de los 12 años de circulación de Inbound Logistics Latam, entenderán que ante las circunstancias actuales me exprese más entusiasta que preocupada. Y es que por más de un lustro, he venido señalando en mis artículos y editoriales, el preocupante desequilibrio observado entre la macro y la micro economías en México.

Ciertamente, más me hubiera gustado que los gobiernos mexicanos y sus asesores económicos hubiesen actuado oportunamente ante el mismo, atendiendo debidamente al mercado interno mayormente conformado por mipymes, pero dada la indiferencia manifiesta ante el problema, celebro que las políticas proteccionistas del señor Donald Trump, empujen finalmente a México a responder ante dicha negligencia.

No será éste un año fácil, indudablemente, y seguramente tampoco lo serán algunos más, pero si bien las medicinas a tomar serán de sabor desagradable, quiero –al igual que muchos compatriotas- seguir confiando en la capacidad de los mexicanos conscientes, para que la cura a nuestro mal, tarde o temprano arribe.

Sin duda, ésta tendrá que surgir de la iniciativa privada, dada la debilidad y desgaste de la clase política, que además, poco podrá hacer dada la energía –y recursos (lo digo con susto)- que tendrá que canalizar al proceso electoral próximo a celebrarse en 2018.

Sin embargo, a pesar de confiar en el sector privado, llama mi atención la actitud de “negación” que tanto el sector empresarial como la sociedad misma –no se diga el gobierno- siguen proyectando al esperar que las órdenes ejecutivas del presidente norteamericano, cambien “misericordiosamente” de rumbo para volver a considerar a México su socio-amigo, cuando éste ha declarado no sólo tener la intención de conservar su postura, sino de arreciarla, como lo hace un huracán cuando ninguna barrera geofísica le detiene.

Esta actitud se parece a la “ilusión de indulto” que definen los psiquiatras como el proceso de consolación que desarrollan los condenados a muerte antes de su ejecución, concibiendo la infundada esperanza de que van a ser indultados en el último momento, como lo señaló Viktor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”.

No; no hay tiempo que perder –porque entre otras cosas, aún no estamos bajo las circunstancias de un “campo de concentración”-, más vale que despertemos y dimensionemos debidamente la realidad, independizándonos psicológicamente de una vez y para siempre, de Estados Unidos.

Trump sólo ha evidenciado la vulnerabilidad de nuestro modelo económico, por lo que es tiempo de cambiar de rumbo. Independientemente de lo que el pueblo norteamericano y su Congreso decidan hacer para controlar la demencial impulsividad de su presidente, México tiene que actuar con responsabilidad, entendiendo que crecimiento económico no equivale a desarrollo y bienestar social; el primero no necesariamente genera el segundo, como nos han querido hacer creer desde que el modelo neoliberal llegó a ocupar la silla presidencial de México; la fórmula de incrementar el crédito para incentivar la inversión y el empleo inyectando circulante, sólo ha repuntado la inflación. 

Incluso, aun cuando el crecimiento económico es la base del Producto Interno Bruto, este último tampoco se proyecta verazmente, al calcularse en un 65%, con base en el comportamiento de las grandes empresas (CFE, IMSS, PEMEX, CEMEX, TELMEX, TELCEL, IUSACELL, ASA, SATMEX, AEROMEXICO, y las empresas asociadas de AMIA, ANPACT, AMIS y ABM, entre otras), según lo reporta INEGI.

Con cálculos alegres como estos, la macroeconomía mexicana de los últimos años ha marchado “relativamente bien”, pero consideremos que este “crecimiento económico” ha sido proyectado por apenas un 20% de las unidades económicas de manufactura, comercio y servicios del país (58% de ellas tienen entre 251 y 500 empleados; 27%, entre 501 y 1000; y 15% cuentan con más de un millar) las cuales –con todo y sus cuantiosas plantillas- apenas dan empleo a un 25% del total de la población ocupada.

Dicho de otra manera, el 80% de las unidades económicas en manufactura, comercio y servicios (mipymes) tienen menos de 250 empleados y ocupan al 75% del total de la población.

Entendido lo cual, ¿acaso no resulta absurdo que las políticas públicas se hayan orientado a la macroeconomía durante más de 30 años? De ninguna manera estoy diciendo que lo hecho haya estado del todo mal –las políticas para atraer IED y promover a México en el extranjero tuvieron resultados exitosos y por lo menos ese 25% de la población activa tiene “buenos” empleos- sólo digo que no estuvo nada bien haber olvidado el desarrollo del mercado interno, y cuidar en exceso los indicadores macroeconómicos tales como el PIB, el índice nacional de precios al consumidor, la balanza comercial y otras variables, cuando las micro, pequeñas y medianas empresas son las que más inciden en la tasa de desocupación.

Ciertamente, el desarrollo implica mejora en el bienestar social y mejora en la distribución de la riqueza, pero ninguna de las dos se han apreciado en México. Se han cometido errores imperdonables, tales como generar ilusión de desarrollo, inyectando dinero a la economía, a través de créditos caros y financiamiento inmobiliario por medio de fideicomisos diversos (que si bien en su mayoría están conformados con fondos de pensión, su estructura facilita el lavado de dinero); permitir monopolios e incrementos de demanda (y por consiguiente aumento de precios); generar incertidumbre a partir de negligencias políticas (vulnerando la confiabilidad de la marca país), así como muchas otras irresponsabilidades en los terrenos ambiental, seguridad y de salud, que han venido destruyendo el precario tejido social en México (Recomiendo los ensayos compilados por el Colegio de México, bajo la coordinación de Alejandro Castañeda Sabido, “Los grandes problemas de México / Microeconomía”).

En fin, en las últimas tres décadas, a pesar de haberse hecho esfuerzos por mantener el PIB alrededor del 4%, la inflación ha superado el 12% y el salario apenas ha aumentado en porcentajes por debajo del 5%.

Esto implica que, no obstante haber habido crecimiento económico, el poder adquisitivo de la población ha venido bajando consistentemente; los únicos que lograron ver ese crecimiento en sus bolsillos fueron la clase oligárquica del país y la burguesía mexicana (Oscar Wilde decía que detrás de cada gran fortuna hay un gran crimen, así fuera la explotación salarial de los empleados).

Confirmamos entonces, que el modelo económico implementado en México desde 1982, sólo ha logrado enriquecer a ricos y empobrecer a pobres. Lo terrible de este modelo es que no es producto de la ingenuidad gubernamental; sin duda, es la creación exprofeso de un proteccionismo económico para dichas oligarquías y la clase política, que finalmente se beneficia al brindarlo.

Bajo el modelo neoliberal, el gobierno ha sustituido su misión de generar desarrollo y bienestar social, por la generación de crecimiento económico para sus propios patrimonios y el de sus “socios”. Esta política tecnócrata, creada para países capitalistas desarrollados y surgida en universidades como Harvard, Oxford, Cambridge, Chicago o Yale, fue importada a México por esa clase política burguesa, ignorando las diferencias diametrales que en materia de ingresos había entre dichos países y los suyos en vías de desarrollo.

El efecto de estas fórmulas tecnócratas han creado la “Gran Tragedia Mexicana”, que en contraste con el “Milagro Mexicano” conformado entre los años treintas y sesentas del pasado siglo veinte, han sacrificado al pueblo mexicano y usado los recursos naturales del país como monedas de cambio, dejando al gobierno comprometido ante intereses extranjeros, y sin la posibilidad de “indignarse” ante la humillación inferida por alguno de ellos. Nos hemos sorprendido por la incapacidad del gobierno mexicano para responder a las bravuconerías del señor Trump, pero ello no es más que la evidencia del nivel de “compromiso” que el primero tiene ante los poderes económicos del vecino país del norte.

Preocupa, sin duda, saber la infraestructura estratégica de México concesionada a empresas extranjeras –puertos marítimos, corredores ferroviarios, autopistas-, las instituciones financieras –las instituciones bancarias y crediticias más fuertes son extranjeras- y los recursos naturales –petróleo, minas, parques eólicos y reservas solares cedidos a empresas extranjeras para su explotación y administración. Lamentablemente, la idea de “soberanía nacional” ya sólo ha quedado plasmada en los libros de historia de México, y su verbalización es acompañada irremediablemente, por una dolorosa añoranza.

Urge que los tres niveles de gobierno rescaten su carácter de servidores públicos y sociales, y dejen de gastar millonarias cantidades en simular políticas y reformas estructurales confusas, orientadas a obscuros intereses económicos; urge que al gobierno lleguen personas morales, éticas, que hagan de la democracia una realidad, partiendo del entendimiento de que el circo partidista administrado por el INE, ya no alcanza para simularla, pues mientras más se pulverizan los votos entre la imparable creación de partidos, el porcentaje mayoritario para el triunfo más se reduce y mejor se controla.

No podemos pretender que tenemos democracia, cuando se “soborna” a los partidos mediante la millonaria suma que reciben, para jugar el juego del poder. El modelo económico tecnócrata, sin duda ha estado hermanado con el modelo democrático de simulación, por donde también se nos va, como agua entre los dedos, una suma millonaria del erario, que bien podría canalizarse para el déficit presupuestal que el país presenta en asuntos sociales. 

En otro interesante compendio ensayista, conformado éste por la Universidad Autónoma Metropolitana –Unidad Xochimilco- y coordinado por José Flores Salgado, titulado “Crecimiento y Desarrollo Económico de México”, destaca que “Aunque la posición simplista sobre este tema podría sugerir que los procesos de apertura y desregulación reportan efectos netos positivos sólo por incrementar la exportación de mercancías, suponemos, en contraste, que este argumento es incompleto, porque la evidencia empírica demuestra una y otra vez algo distinto y más complejo: un proceso de apertura debe ser cimentado, entre otras cosas, sobre las bases del crecimiento económico y la competitividad sistémica…

En el caso de México, con las particularidades asumidas por la apertura económica hacia el exterior, la desregulación de la actividad económica interna y la integración internacional, los resultados observados en el retroceso del crecimiento económico, el desequilibrio comercial y la descomposición social y ambiental no permiten suponer la posibilidad ni la conveniencia de disponer del financiamiento que exigiría mantener el programa económico de gobierno aún en práctica.

En efecto, la estabilidad de precios y la exportación de mercancías no han sido factores que permitan remontar los niveles del crecimiento económico y el bienestar social”. Sin duda, el programa de gobierno neoliberal reporta más pérdida que ganancia, pues nada justifica el agravio cometido sobre la población mexicana, que mayoritariamente ha perdido calidad de vida, así como el cometido sobre sus recursos naturales, cuya explotación irresponsable e irracional, atenta contra el sustento de los mexicanos.

El modelo económico de los últimos treinta años, ha favorecido al sector terciario, pero a costa de la decadencia del sector agropecuario y la reducción de sectores productivos, que no teniendo alternativa, han optado por fusiones y adquisiciones ofrecidas por empresas extranjeras más fuertes.

Hoy, México experimenta la común sensación del cónyuge amenazado psicológica y económicamente ante un inminente divorcio; sin duda, el modelo económico de México ha estado “matrimoniado” con Estados Unidos desde la firma del TLCAN, pero hoy, aun cuando éste se renegociara, la condición relacional habrá cambiado, limitándonos exclusivamente a ser vecinos.

México es muy fuerte, y el llamado a la unión -expresado magistralmente por el discurso del presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, en el contexto del pasado acto conmemorativo del centenario de la Constitución Mexicana en Querétaro- nunca ha sido más pertinente.

Este llamado a la unión, tiene que llamarnos nuevamente a hacer Patria, significando con esto la revaloración de lo Hecho en México, por mexicanos y con insumos nacionales. Ciertamente, nada ganamos boicoteando el consumo de productos fabricados por firmas extranjeras instaladas en nuestro país, como se ha venido instando en redes sociales, pues ellas dan empleo a un gran número de compatriotas, pero sí debemos elevar nuestro nivel de innovación y de competitividad, combatiendo reciamente y con valor aquellos prejuicios y prácticas que afectan nuestra productividad y eficiencia.

Es tiempo de hacer ajustes a nuestra idiosincrasia, y mucho podemos contribuir con ello, empezando por diseñar campañas al interior de las empresas, que apuntalen la dignificación del mexicano y lo hecho en México, tal como lo hizo la raza afroamericana en los años sesentas bajo la campaña “Black Power”.

Les exhorto a ser creativos y dar vuelo a su imaginación, segura de que este esfuerzo inicial, mucho contribuirá para liberarnos de la dependencia psicológica que desde tiempos remotos México ha tenido con respecto a la economía estadounidense. Recuperando nuestra dignidad y autoconfianza, la conquista de nuevos mercados en el mundo será imparable.


TRES TENDENCIAS SIMULTÁNEAS HASTA 2025 EN EL SECTOR AUTOMOTRIZ: EVOLUCIÓN, REVOLUCIÓN Y DISRUPCIÓN

Al haber perdido el petróleo como pilar principal de nuestra economía, el sector automotriz apuntala indudablemente; por ello, conocer las perspectivas de éste, nos ayudará ubicar nuestra realidad.

Con base en la “18a Encuesta Global de Directivos Automotrices 2017” de KPMG, la empresa de servicios de Auditoría, Impuestos y Asesoría, delinea algunos aspectos del dilema tecnológico del sector, comentando lo siguiente: El sector automotriz tiene que manejar, al mismo tiempo, tres tipos de tendencias de aquí al 2025.

Por un lado, continuar con la evolución del mercado actual (racionalización de la producción, crecimiento en los países emergentes, comercialización de vehículos híbridos, etc.), y por otro, afrontar la revolución y la disrupción que suponen muchos de los avances que están surgiendo en el ámbito de la movilidad.

La revolución viene de la mano de los automóviles eléctricos, pero la disrupción, aunque en parte ya está llegando a través de los vehículos compartidos, se producirá principalmente como consecuencia de los autos sin conductor; la conectividad y la digitalización de los vehículos; y la creación de valor, y por lo tanto, ingresos, procedentes del big data.

“Para la industria automotriz en México, 2016 fue un buen año para alcanzar los aproximadamente 1.6 millones en ventas de automóviles en el mercado nacional
y llegar a niveles de producción de alrededor de 3.5 millones. Con esto, México ha fortalecido su posición como un actor global.

Las perspectivas son difíciles de pronosticar considerando las condiciones macroeconómicas que México enfrenta en este momento. Los factores macroeconómicos que probablemente tendrán un impacto en la industria automotriz en México son el llamado ‘factor Trump’, la devaluación del peso y el aumento en los precios de la gasolina, entre otros, siendo estos tres los más importantes.

México es hoy un actor global en la industria automotriz y también lo será en el futuro. Los modelos de negocio existentes (dependencia del mercado estadounidense) tendrán que cambiar y México tendrá que buscar nuevas oportunidades en otros mercados.

El mercado automotriz estadounidense sólo cuenta con aproximadamente 16% del mercado mundial: hay muchas oportunidades esperándonos”, asegura Ysenburg.

LA OTRA DISRUPCIÓN: LOS AUTOMÓVILES COMPARTIDOS HARÁN QUE CAIGAN LAS VENTAS


El principal modelo de negocio del sector del automóvil en la actualidad se basa en el vehículo en propiedad, pero el 59% de los encuestados pronostican que la mitad de los conductores no querrán tener un auto propio en 2025.

De ser así, esto significaría una drástica caída de ingresos. Además, a los coches compartidos hay que sumar los que prescinden de conductor, que cambiarán radicalmente el uso que se hace de este tipo de transporte y, por lo tanto, los criterios de compra.

Mañana los criterios diferenciadores entre marcas tendrán que ver con cómo los autos nos ayudan a relajarnos, a trabajar y a concentrarnos, o a divertirnos y a socializar. El 60% de los consumidores están de acuerdo con la afirmación de que cuando compren
un coche autónomo solo tendrán interés en lo que se puede hacer en el tiempo que dura el viaje.

“La encuesta reconoce que actualmente las compañías automotrices están en un dilema poco descifrable entre el mundo automotriz y el mundo digital. Estos dos mundos fundamentalmente diferentes se encaminan uno hacia el otro a una velocidad cada vez mayor y puede parecer que converjan completamente algún día.

Sin embargo, el choque de culturas entre el mundo offline y el mundo online es insuperable y creemos que nunca llegarán a ser totalmente congruentes. Esto significa que tenemos que dejar ir la visión de una fusión auto-digital completa”, concluye Ysenburg.

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