Evaluando resultados

mayo 27, 2019 - Por Adriana Holohlavsky
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Todo fin de ciclo requiere revisión. Sin duda, el sector logístico en México camina; pero, ¿lo hace en el sentido correcto? ¿Hemos superado los desafíos? ¿Qué aspectos siguen deteniendo el despegue?

Si hay alguien ocupado en el ámbito empresarial, indudablemente es un logístico: agendas saturadas, viajes incansables, horarios extenuantes, descanso y vacaciones nulos y un estrés desbordado… ¿Le suena familiar?

Muchas preguntas surgen alrededor de observar el extenuante trabajo de un logístico, pero entre todas hay una en particular que por obvia, me intriga. El sector requiere cada vez más y mejor talento; pero, ¿acaso el panorama es atrayente? Dudo sinceramente que un Millenial, con su relajada filosofía enfocada en negocios prácticos, eficientes y dirigidos remotamente desde la comodidad de su casa, se sienta atraído por una actividad tan estresante como la logística. ¿Cómo hacer de ésta una profesión atractiva para nuevas generaciones? ¿Cabe acaso la reflexión ante la posibilidad de que algo se está haciendo mal o de que algo se está saliendo de control? 

Los esfuerzos que al respecto están haciendo las diferentes asociaciones afines al sector proyectan esta preocupación, por lo que platicamos en esta ocasión con Jesús Campos Cortés*, quien al frente de APICS Capítulo México, nos comparte su percepción respecto al terreno en el que hemos avanzado y aquél en el que todavía seguimos atorados.

¿Cómo podrías, Jesús, describir el panorama del sector en materia de formación, por un lado, y de certificaciones, por otro?

Yo te diría que sin duda queremos mejorar; no obstante ello, tenemos que analizar con objetividad algunos errores en los que hemos caído. En materia de capacitación se siguen ofreciendo cursos con material de hace 20 años, que no nos permiten dar un salto verdadero. Se sigue viendo a la logística como una actividad enfocada en el “movimiento de cajas”, dejando de lado el enfoque de servicio y la estrategia financiera, aspectos que representa primordialmente. La Logística dejó de ser quien mueve cajas en una empresa, para marcar la diferencia entre un margen negativo y uno positivo. Si no llega el producto cuando el cliente lo necesita y en el costo al que lo necesita, se acabó el negocio. A pesar de la inclusión de datos actualizados y herramientas tecnológicas modernas en su impartición, los cursos mantienen contenidos setenteros y ochenteros, porque lo que no ha cambiado es la mentalidad.  

Ciertamente se percibe un “activismo” incuestionable en el sector. Tanto las empresas, representadas por diferentes asociaciones, como la Academia, representada por diferentes universidades, han venido haciendo esfuerzos diversos para responder a la necesidad de talento (carreras, especialidades, postgrados, diplomados), pero honestamente siguen siendo insuficientes ante el nivel de competitividad que se demanda, porque no basta con generar más profesionistas y más competencias, lo urgente es una nueva manera de pensar, para aportar soluciones innovadoras.

En cuanto a la certificación, yo veo un gran nicho de oportunidad, pues a decir verdad, fuera de APICS nadie tiene un cuerpo de conocimiento en Logística que avale dicha certificación. La labor que APICS desempeña en este sentido es muy completa, pero ciertamente se basa en los principios y modelos generales de carácter internacional. México, sin embargo, tiene sus propios desafíos en materia de infraestructura y normativa, por lo que se requiere certificar de manera local, el conocimiento en el terreno logístico mexicano.

La mentalidad atemporal de la que hablamos, proyecta una preparación muy básica; ambas cosas –mentalidad y preparación- frenan por un lado la profesionalización del sector, y por otro, la conformación de un cuerpo de conocimiento que avale más certificaciones. Al final del día, una afecta a otra.

¿Cuánto tiempo crees que pudiera tomarle a México obtener un nivel de profesionalización serio para este sector?

Ubiquémonos en el terreno académico. ¿Qué pasa si al frente de una clase ponemos al mismo logístico que aprendió “haciendo”? Obviamente va a enseñar a sus alumnos a “hacer” lo mismo que él aprendió, y entonces no salimos del nivel de “oficio”. A final de cuentas es lo mismo aprenderlo en el aula de una universidad, que en el aula de capacitación de una empresa.

Ahora ubiquémonos en la empresa. ¿Qué pasa si llega a la empresa un egresado “high tech” con altas competencias en Logística Analítica Avanzada, y se da de frente con la realidad de la mayoría de las empresas mexicanas? Obviamente se va a frustrar al toparse con programas y planificaciones hechas en hojas de cálculo Excel.

Cerrar la brecha entre estas dos circunstancias tomará por lo menos otro lustro. Sin duda necesitamos entender los desafíos en ambos terrenos, para acortar la distancia entre ellos. La liga empresa-asociación-universidades no está todavía bien desarrollada; habrá que revisar lo hecho hasta ahora y seguir desarrollándola con el enfoque correcto. El objetivo habrá de ser acortar esta brecha de la que hablamos.

¿Qué crees que hay detrás de esta mentalidad estancada? ¿Qué nos impide darnos cuenta del problema?

Yo creo que es lo de siempre… Buscamos la solución fácil. “Ve y traite a un consultor que nos arregle el problema”, decimos con facilidad. Y cuando el consultor llega y pone los puntos sobre las íes, postergamos la decisión, porque la solución implica reformar a la empresa desde la cabeza (nunca mejor dicho).

En una Era digital como ésta en la que el siglo veintiuno se sumerge, nos ha faltado entender que la construcción de todo proyecto empieza por los datos. Hoy no sirven los datos en hojas de cálculo, pero no porque Excel no sirva, sino porque sólo nos permite hacer revisiones en privado, cuando el desafío de hoy es compartir la información en cadenas virtuales como el Blockchain. Todo mundo produce datos, las empresas venden y compran datos por doquier, pero a final de cuentas nadie sabe qué hacer con los datos. La Logística necesita datos y conocimiento, pero también de manera muy importante, respeto y seriedad de parte de la alta dirección de las empresas. En resumidas cuentas, no basta con información y conocimiento, se requiere actitud.

Antes se hacía uno la pregunta siguiente, ante un proyecto: ¿Se puede hacer? Y si la respuesta era afirmativa, entonces así le respondíamos al cliente; pero hoy, la respuesta a la misma pregunta nos obliga a hacer una segunda pregunta: ¿Podemos entregar el proyecto? Es decir, una cosa es que se pueda hacer un proyecto y otra que se pueda entregar debidamente. Antes, los logísticos podían arriesgarse a decir sí, y en el camino ver cómo iban resolviendo problemas; hoy ya no es tan fácil. Hoy, la Logística sí demanda alta especialización en conocimiento, tal como los 3PL internacionales lo han entendido. Sin embargo, en países como México, en el que hay tanta empresa mediana y pequeña, los precios de estos logísticos internacionales no son viables para la mayoría. Aquí, salimos a la calle y vemos la presencia de empresas logísticas por todos lados, representadas en todos los tamaños y en todas las calidades, lo cual demuestra que hay un gran pastel a repartir; pero también, de ese mismo tamaño son los desafíos de profesionalización que este gran pastel demanda.

Las empresas ya han venido entendiendo que la diferencia entre un margen negativo y uno positivo es la Logística; ahora, sólo queda escalar y empatar el nivel de necesidad y de solución, pues tanto la empresa requiere hacer uso de servicios profesionales, como el logístico requiere ofrecerlos y cumplirlos. Entendamos que no basta con tercerizar nuestros problemas, pues pasarle a un tercero mis problemas equivale a dos problemas. Esta manera de pensar y visualizar la logística es lo que tenemos que cambiar. La responsabilidad no es sólo del operador logístico o del consultor en logística, sino también de la empresa contratante; en esa corresponsabilidad descansa la alianza del negocio logístico hoy en día.  

Sin duda, este análisis responde la pregunta en el aspecto técnico, pero desde el punto de vista del aspecto conductual, ¿qué nos atora?

Parafraseando te diría: “Lo bueno de las computadoras es que no hacen falsas promesas”. Ciertamente, decir que “sí” es un rasgo propio de nuestra cultura, aunque después no sepamos cómo atender ese “sí”. Sin duda, el nivel de confiabilidad del mexicano es bajísimo. Hacer una logística moderna implica no jugar con el cliente. El mexicano suele ser informal, pero hoy la tecnología ya no lo permite; los sistemas de visibilidad y rastreo ya no nos permiten mentirle al cliente; si digo que estoy a cinco minutos de llegar, el cliente lo corroborará pidiendo se le envíe la ubicación. No dudo que por ello a muchas empresas logísticas pequeñas y medianas no les guste esta tecnología, y quizá también por ello se resistan a invertir en ella. ¿Cuántas empresas de transporte y almacenamiento no habrán basado su desempeño en cuentos chinos y manipulaciones? ¡Seguramente muchas! Pero por fortuna han venido desapareciendo. Hoy ya no es la palabra de uno contra la del otro; hoy es la posición del GPS contra la espera del cliente, y se acabó. Es decir, para contestar a tu pregunta de manera breve, lo que hay que vencer es la informalidad en todos los sentidos.

¿Qué desafíos crees que el sector haya superado adecuadamente en materia de formación, y cuáles en materia de certificaciones?

En materia de formación hemos avanzado en el terreno de almacenes. Éste ya dejó de verse como la bodega en la que se aventaba hasta el árbol de Navidad. Ya ha empezado a notarse un respeto a la labor realizada dentro de él, así como también ha empezado a verse éste como objeto de inversión. Y esto es muy bueno, porque un buen almacén se proyecta en eficiencias y utilidades. Hace tiempo nos costó mucho trabajo en APICS, vender un programa de certificación para almacenes que era una auténtica joya, porque si bien el almacén administra muchos recursos (gente, tecnología, equipo y materiales), el mercado no paga por sus eficiencias. No obstante ello, el tiempo ha venido cambiando las cosas; hoy en día, ésta es una de las áreas de desempeño logístico donde mayor progreso notamos.

La tercerización también ha sido otro terreno de progreso. Sin duda, ésta ha importado tecnologías y prácticas que a su vez empujan buenas prácticas en las empresas de sus clientes. Recordemos hace unos años, lo difícil que era convencer a una empresa de tercerizar sus operaciones logísticas; hoy, sin embargo, el desafío ya no es ése, sino el de ofertar un precio justo.

Pero sin duda, la gran deuda está en el transporte carretero. No hay una formación profesional en este terreno, como sí la hay en Estados Unidos. Allá, un operador de tráiler gana mucho más que un ingeniero de planta en México (hasta 80 mil dólares al año). ¿Por qué? Porque se preparan, se certifican; pero también, porque las empresas los valoran y respetan… volvemos al fenómeno de la corresponsabilidad.

En materia de certificaciones, hay mucha área de oportunidad como señalábamos; no sólo por la falta de oferta, sino por la falta de demanda. En México todavía no hay áreas logísticas que puedan por un lado, ostentar ese cuerpo de conocimiento como para avalar una certificación; y por otro lado, tampoco las hay aquéllas que requieran una certificación de desempeño todavía. El esfuerzo de certificación en México se ha venido focalizando a nivel empresarial, en aras de buscar ventajas en inspecciones aduanales o confiabilidad ante instancias internacionales o acreditación de mercados, pero todavía no en el terreno del desempeño logístico individual, como sí lo hay en Estados Unidos y Europa. Los logísticos que buscan las certificaciones de APICS en México, lo hacen para acreditarse ante empresas internacionales, no así ante mexicanas.

El mexicano no tiene una vocación logística natural, como en otros países pudiera verse con respecto al transporte marítimo, por ejemplo. En México, las labores de transportación y almacenaje –cuna de la logística-, eran labores que se hacían porque no quedaba de otra; es decir, no han sido las funciones logísticas actividades sobre las cuales sentir orgullo, y querámoslo o no, esta idea inconsciente obstaculiza la profesionalización del sector. Es decir, el verdadero reto no está sólo en la estructura física y tecnológica, sino mayormente en la cultural.

¿Qué recomendaciones harías a las empresas, de cara a este reto?

No pensar en soluciones a corto plazo, es necesario visualizar a largo plazo: dónde quieren estar, cuáles han de ser sus socios tecnológicos, a dónde quieren llegar… No basta con reaccionar, hay que prospectar. También hay que pulsar al mercado más allá de lo físico, más allá de la lógica; no basta con responder a sus demandas cuando éstas llegan, es necesario encontrar la manera de preverlas. Así mismo, es necesario estar dispuesto al cambio repentino, y no aferrarse a las prácticas acostumbradas; veamos cómo de pronto, el comercio electrónico puso a la última milla contra la pared, porque estábamos acostumbrados a entregas en puntos de venta con camiones completos, y aunque las empresas se están adaptando, al no haberse preparado, lo están haciendo lentamente. Sin duda, se requiere talento competitivo, pero sobretodo intuitivo, para interpretar los nuevos códigos y comportamientos de los mercados.  

Y dado el pulso que APICS suele tomar del recurso humano empresarial, por un lado, y de los recursos económicos, políticos y sociales, por otro, ¿cómo podrías dibujar el escenario que deja 2018, y qué aspecto positivo rescatarías de la perspectiva que 2019 deja entrever?

2018 nos deja carreteras inseguras y un alto costo logístico. El cómo hacer una logística más accesible sigue siendo el gran reto tanto para gobiernos como para la sociedad misma.

El año empezó con incertidumbre ante las elecciones mayores, las amenazas de Trump y un TLCAN agarrado de alfileres; esta incertidumbre se elevó a medida que se acercaba el momento de decidir en las urnas, y cuando vimos que no pasó nada grave, y que Trump vio con buena cara la decisión de los mexicanos, se recuperó el aliento y la certidumbre se atemperó; sin embargo, la decisión de suspender el NAICM en Texcoco, la postergación de la firma del ahora TEMEC y la paridad del dólar al alza, volvió a crispar los nervios. Ciertamente, la “criptonita” de las inversiones es la incertidumbre, por lo que 2018 nos deja en malas condiciones.

No obstante el panorama, el mexicano siempre ha sabido crecerse ante la adversidad, por lo que esta crisis bien pudiera provocar mayor participación de parte de los empresarios, lo cual sería muy positivo. Confiemos en que se tendrá más orden, más seguridad y un marco legal más justo y parejo.

Respecto a 2019, yo veo una expectativa interesante es este modelo alemán, a partir del cual se pretende apoyar y desarrollar a los jóvenes, para integrarse al sector productivo. Ojalá en este esfuerzo, uno de los ejes de trabajo esté enfocado a actividades logísticas. En este terreno -me atrevo a pensar- podríamos proponer certificar ciertas tareas, pues la ventaja de esta figura de reconocimiento es que no se requiere de un título universitario para aplicar. Podríamos aprovechar este semillero para motivar y preparar parte del talento que necesitamos en el sector. Ojalá estén habiendo propuestas del sector hacia el gobierno, ahora que se perfila los pormenores del programa. Sin duda, éste es el aspecto positivo que yo rescataría de la perspectiva.


* Jesús Campos Cortés es consultor, capacitador, conferencista, bloguero y articulista en temas de negocios y cadena de suministro. Actualmente es Socio Director de” Corporate Resources Management S.C”, firma de consultoría de negocios especializada en temas de suministro, demanda y productividad; Director Ejecutivo de APICS Capítulo México, y Chairman del Comité de Ventas y Mercadotecnia en APICS Internacional. Cuenta con Maestría en administración por el ITESM CCM y 14 certificaciones profesionales internacionales. Asimismo, es autor del libro “Transformando a compras en una ventaja competitiva”.

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