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BLOG DE EXPERTOS

  • Operación calderas

    16 . abril 2017
    Operador de transporte logístico

    A todos ha impresionado la operación llevada a cabo en México, para transportar las calderas gigantes procedentes de España, rumbo a la refinería Miguel Hidalgo, en Tula, Hidalgo.

    Un equipo de 120 colaboradores ha conformado el convoy, que este mes de abril llega finalmente a destino en su primera fase, tras haber recorrido 998 kilómetros a una velocidad máxima de 10 kilómetros por hora, y cargando la enorme responsabilidad de 2,260 toneladas (4 calderas de 565 c/u) y su equivalente millonario en dólares.

    Ésta es la primera vez en el mundo que se traslada por tierra una carga magnificente de esta naturaleza a lo largo de esta distancia, lo que para México representa un motivo de orgullo, al demostrar que tiene entre su gente, entre sus empresas y entre sus líderes, la capacidad sobrada para llevar a término y con éxito, un proyecto logístico de esta naturaleza.

    A 15 kilómetros de llegar a destino, Inbound Logistics Latam entrevistó al equipo de Pesado Transport, para conocer los pormenores de la aventura que ha representado trasladar, a lo largo de 14 meses, los tambores de coque, mejor conocidos como "calderas gigantes" -12 metros de altura, 41 metros de largo y 10.50 metros de ancho.

    Transporte de caldera a refinería de Tula, Miguel Hidalgo

    La empresa responsable de este proyecto ha sido Pesado Transport, con diez años de experiencia en el ramo, y cuyo desempeño en el transporte para plantas de gasolinas limpias en 2012 y 2013 -para refinerías de Minatitlán, Cadereyta, Salina Cruz y Ciudad Madero le permitió ser invitada a este proyecto.

    “Este contrato tuvo una planeación de logística de 18 meses antes de ser cotizado”, nos comenta el Director General de Pesado Transport, Abraham Santos Ruíz. “Dentro de ésta, se evaluaron todos los puertos del país para la llegada de los tambores (calderas), y después de hacer los recorridos de ruta, el puerto de Altamira resultó ser la mejor opción.

    Y con mejor opción me refiero principalmente a tener infraestructura adecuada y ofrecer mejores alternativas de ruta. Una vez que se nos asignó el contrato, comenzamos con las adecuaciones correspondientes en Tamaulipas y San Luis Potosí, incluso antes de la llegada de los tambores”.

    Las primeras cuatro calderas llegaron procedentes de España el jueves 25 de febrero de 2016 al puerto de Altamira, y las otras cuatro llegaron con las partes de la torre fraccionadora el jueves 30 de junio de 2016, según nos precisa Abraham Santos Ruíz.

    El primer convoy salió de Altamira el 3 de mayo de 2016, llegando solamente hasta Cd. Victoria; y el segundo salió el 19 de septiembre de 2016, con destino final en Tula, Hidalgo. “El reto operativo es el más grande; pues no sólo ha implicado cuidar las pendientes, los peraltes y la velocidad de traslado, entre otras cuestiones, sino también coordinar a diferentes dependencias privadas y públicas para que coincidan y acepten suspender temporalmente sus servicios (luz, teléfono, internet, ferrocarril etc.)”.

    Pero además, agrega el directivo, el reto de eliminar el prejuicio de la gente, ante la impresión que causa el volumen de los tambores, ha representado un desafío importante. “Los remolques (plataformas modulares) que utilizamos nos permiten no causar daño a las carreteras, pues distribuyen el peso de acuerdo a las normas mexicanas de carga; sin embargo, dar las explicaciones y derribar los juicios equivocados, siempre es un tema en las reuniones técnicas”, agrega.

    Operadores especializados

    Manejar unidades de 60 toneladas, equipadas con contrapesos de 40 toneladas para mantenerse adheridos al piso, sincronizadas en velocidad y movimientos con otros dos carros, y arrastrando 565 toneladas con un valor millonario, no es una responsabilidad para cualquiera. En tiempos en los que la carestía de operadores hace estragos en el sector logístico mundial, contar en México con cuadrillas especializadas en transporte pesado y voluminoso, como se demuestra en este proyecto, no es cosa menor.

    Por ello, Oscar Jesús Avendaño Martínez, Javier Benítez Fernández, Sabino Antonio Hernández Espinoza y Eliel Castillo Rivera –entrevistados por Inbound Logistics Latam, en representación del equipo de operadores del convoy en su conjuntose expresan orgullosos de ser mexicanos y formar parte de un proyecto de esta envergadura; pues si bien se llevó a cabo un anterior traslado similar en Canadá, éste sólo recorrió 300 kilómetros, apenas la tercera parte de lo que las calderas de Pemex han recorrido.

    Sin duda, esta operación coloca a México y sus trabajadores en una posición ejemplar, digna de reconocer y aplaudir. Oscar Avendaño, con 17 años de experiencia como operador y 8 en Pesado Transport, nos explica cómo se conforma el equipo: “Cada caldera es movida por un convoy, conformado por varios colaboradores: tres operadores, que manejando tres tractocamiones, se sincronizan por medio de radios, para mantener la misma velocidad y movimientos; cuatro colaboradores más –dos por plataforma-, que caminando sobre éstas, a su vez trabajan coordinadamente con un modulador, que sentado frente a un puesto de control en el extremo trasero de la segunda plataforma, va nivelando la caldera al momento de dar vuelta en una curva y de subir o bajar una pendiente; este modulador, a su vez, va dando dirección al tractocamión de atrás, pues la caldera le quita la visibilidad totalmente”.

    Operador de módulo

    Eliel Castillo Rivera, operador de módulo, en la posición desde la cual nivela las plataformas.

     Operador líder de convoy

    Oscar Jesús Avendaño Martínez, operador líder de convoy, al interior de su cabina.

    Según nos explica el señor Avendaño, la velocidad a la que viaja cada convoy es de 5 a 10 kilómetros por hora, dependiendo del terreno, pero hay tramos en los que la velocidad de traslado se baja hasta 1 km por hora, dándoles oportunidad, incluso, de bajarse de la cabina a estirar las piernas.

    “Avanzamos en función del clima –fuertes vientos o lluvias intensas detienen necesariamente al convoy-; pero también, la operación queda sujeta a luces verdes y rojas por parte de las autoridades, principalmente SCT –Secretaría de Comunicaciones y Transportes-, que va coordinando la operación con los permisos de tránsito de las autoridades municipales y estatales, Policía Federal, Comisión Federal de Electricidad –CFE- y Telmex, entre otros, que van teniendo que detener o desviar el tránsito vehicular de la zona, remover puentes, letreros y señales de la carretera, así como cables de luz y teléfono”.

    Ante una labor titánica como ésta, la experiencia se vive de día en día, pues aunque la logística está planeada, nunca se sabe con qué obstáculos o situaciones inesperadas se ha de topar el convoy. “Vamos viviendo un día a la vez; la jornada nunca dura lo mismo, y cuando las circunstancias nos han permitido avanzar, hemos tenido que aprovechar.

    El tramo más largo del trayecto ha durado casi 24 horas, por ejemplo. Sin embargo, con respecto a la responsabilidad de Pesado Transport, todo ha salido de acuerdo a lo planeado”, agrega Oscar Avendaño.

    “Nos vamos hospedando en los hoteles que nos proporciona la empresa, en las diferentes localidades por las que transitamos, mientras las calderas se quedan estacionadas bajo custodia, esperando la oportunidad de seguir avanzando; descansamos en función de los tiempos que la operación nos permite. Por ejemplo, hoy fuimos convocados a las 13 horas, para arrancar motores a las 15, y venimos de un descanso que empezó ayer a las 9 de la mañana”.

    Operador líder de convoy, observa contrapesos

    Javier Benítez Fernández, operador líder de convoy. Atrás de la cabina se observan los contrapesos de 40 toneladas que cada tracto carga.

    Javier Benítez Fernández, por su parte, nos comenta que, con todo y sus 30 años de operador, esta experiencia le ha dejado un aprendizaje invaluable. “Yo empecé como ayudante en carro piloto, y poco a poco fui tomando experiencia como operador de trailer, hasta llegar a Pesado Transport hace año y medio. Ésta es la primera vez que en México se transporta una carga con estas características de peso, altura, ancho y tipo de equipo, y he tenido la satisfacción de ser asignado como líder de convoy.

    En esta posición, yo conduzco el tractocamión guía, y mi responsabilidad es anunciar a mis compañeros sobre curvas, bajadas, letreros, puentes, cables, y todo tipo de objeto que pudiera cruzarse en nuestro camino.

    La más mínima distracción puede provocar que tiremos, por ejemplo, una de las grúas que están levantando puentes, o un cable de alta tensión con todo y su torre. Ciertamente es mucha la responsabilidad, por lo que siempre hay que estar tranquilos y sobrios.

    Además, normalmente circulamos de noche, dadas las circunstancias del camino, lo que nos obliga a prestar más atención aún. Las bajadas nos representan el desafío más delicado, y sobretodo aquéllas que se presentan con curva, pues a pesar de nos ser pronunciadas, pueden desnivelar la caldera con respecto a las plataformas que las remolcan; cuando nos enfrentamos a esta situación, la tensión y la adrenalina son muy altas”, comenta el señor Benítez, quien nos comparte que la experiencia más intimidatoria que vivieron fue en la carretera Rumbo Nuevo, en Tamaulipas, ante un túnel al que tuvieron que sacarle la vuelta, y cuyas condiciones de terreno presentaba una pendiente en curva con terracería.

    “Pero, pese a esta experiencia, he de decir que, lo que más me ha impresionado de esta operación es la extraordinaria coordinación de la ruta, la cual ha estado muy bien hecha, muy bien trazada, y evitando en la medida de lo posible esas temibles pendientes y curvas pronunciadas”. Javier Benítez también destaca otro aspecto que ha jugado un papel fundamental en esta operación logística: la camaradería.

    Operador en retaguardia de convoy

    Sabino Antonio Hernández Espinoza, operador en retaguardia de convoy.

    “La convivencia entre los compañeros, haciendo la comida, por ejemplo, es muy bonita; de alguna manera compensa el sacrificio que hacemos al dejar a la familia, a la que nuestros directivos nos dejan ver con cierta frecuencia, a veces cada 20 días, a veces al mes, o mes y medio, pero cuando lo hacemos, nos permiten ausentarnos por varios días. También, la empresa nos ha pagado la visita de nuestras familias al lugar donde nos encontramos, lo cual ha hecho muy llevadera la ardua operación”.

    Eliel Castillo Rivera es operador de módulo o “modulero”; él es quien va liderando el manejo de las plataformas, conformadas por 10 y 12 líneas de llantas; la de 10 trae 160 llantas, y la de 12 trae 172.

    “Nosotros vamos sentados en el motorcito, dándole nivel a la plataforma y altura a la caldera; checando los peraltes en las curvas, en las terracerías; checando que no se ponche una llanta o que surja alguna falla mecánica, que de haberlas, debemos reportar inmediatamente al operador líder de convoy, quien a su vez por radio coordina la detención de los equipos. Como tenemos el centro de gravedad muy alto, tenemos que ir cuidando todos esos detalles con mucha atención”.

    “Cuando yo entré a Pesado Transport, lo hice como ayudante general y pronto me interesé en los equipos y cómo se trabajan; me empezó a gustar y comencé a aprender, hasta que un día, el patrón compró equipos nuevos y llevó a un instructor para dar un curso de operación, armado, manejo y mantenimiento de los equipos, y así, poco a poco me fui adentrando en la operación de las plataformas hidráulicas. Yo entré a la empresa hace 14 años, y aunque me tuve que retirar un par de años, me reintegré hace cuatro”, agrega Eliel Castillo.

    “Ser parte de este proyecto está siendo una gran experiencia, sobretodo porque al mirarnos frente al tamaño de estas calderas, la dimensión de la operación y los alcances y resultados del equipo de colaboradores, me siento capaz de realizar cualquier cosa.

    La misma oportunidad nos compromete a hacer bien nuestro trabajo, y de esta manera, representar bien a nuestra empresa; me siento contento, pues es muy gratificante y alentador ver que las personas se nos acercan, se interesan en nuestro trabajo, se toman foto con nosotros y nos felicitan”.

    Especialista en maniobras y líder a pie de piso a lo largo del convoy

    Josué Barrera, especialista en maniobras y líder a pie de piso a lo largo del convoy.

    La plataforma es una cama baja modular y multidireccional –según nos explica el señor Castillo, experto en ellas-, con la ventaja de poderse ensamblar a lo ancho, angosto y largo. Como son hidráulicas, uno puede darles la altura que se necesite, y la dirección necesaria al movimiento de las llantas.

    Cuando se requiere hacer una maniobra complicada, la hacemos con motor, pues traen su propia dirección. Estas plataformas están armadas a 6.30 metros de ancho, pero se pueden armar a 3 o 4.80 metros. Se conforman con base en módulo, modulo medio y dos módulos de la marca Goldhofer, y el largo también se puede ajustar según lo requiera la carga, ya sea en 15, 12 o 10 líneas.

    Sabino Antonio Hernández Espinoza es también operador, pero él apoya al convoy empujando la carga con su tractocamión. Él va siguiendo las instrucciones de su compañero Oscar Avendaño, pues va a ciegas, sin visibilidad al frente.

    Y es que, a las plataformas que cargan la caldera van enganchados dos tractocamiones, uno que va al frente, jalando la carga, y otro que la empuja por detrás. Pero también cada convoy lleva un tractocamión de apoyo, que sin ir enganchado permanentemente, circula adelante del tracto guía.

    “En una subida, por ejemplo, enganchamos a ese tracto de apoyo, para que sean dos los motores que jalen la carga”, explica Sabino Hernández. “Y en una bajada, cuando hay que frenar y detener la carga, el que hace esa labor soy yo, que voy atrás del convoy.

    En esta odisea, el mayor desafío ha sido subir un puente que está arriba de Cd. Victoria, pues su altura nos hizo sufrir, obligándonos a enganchar cinco camiones por convoy”. En sus 32 años de operador -6 en Pesado Transport-, Sabino Hernández ha movido cajas, plataformas, low-boys, pero nunca había sido parte de una operación coordinada como ésta, ni tampoco había movido una carga con estas dimensiones.

    “La logística de la empresa ha sido tan exitosa, que a veces es frustrante cuando la operación se detiene, por los impedimentos de autoridades, permisos u otros factores ajenos a nosotros”, comenta.

    “Las 120 personas involucradas en la logística venimos haciendo un trabajo en equipo extraordinario: adelante vienen los carros piloto, que van moviendo el tránsito vehicular; también adelante van las grúas quitando los letreros que cruzan la carretera, y levantando las trabes de los puentes peatonales; también traemos soldadores que vienen soldando o desoldando estructuras diversas; otros compañeros operadores acarrean los contrapesos de las grúas; otros compañeros van caminando o recorriendo en moto los costados de los convoys, a lo largo del trayecto, revisando, avisando, alertando y corrigiendo; y entre otros colaboradores también importantes, la ambulancia siempre nos acompaña, alerta para auxiliarnos ante cualquier eventualidad”.

    Una mujer al frente de la operación


    ¿Puede usted imaginar a más de 100 hombres rudos y de carácter recio liderados por una mujer? Sí, la Arquitecta Alma Acuña es la lideresa de esta magnificente operación; ella es la única mujer en el equipo operativo, y es una grata impresión verla moverse entre ellos con ecuanimidad, soltura y una autoconfianza sorprendente, que sólo puede proyectar confiabilidad.

    ¿Qué atributos propios de su personalidad y propios de su género le permiten estar al frente de este equipo? “Ciertamente ha sido una labor ardua”, comenta la arquitecta. “Antes de echar a andar la operación, estuvimos trabajando largos meses en oficina y patio, compartiendo con operadores, técnicos e ingenieros del equipo, la ruta, los procesos, la planeación, y recibiendo de su parte la retroalimentación pertinente, con base en su propia experiencia. En ese contexto, organicé varias dinámicas de integración, para conocernos unos y otros, y finalmente me gané su confianza.

    Nunca me han faltado al respeto, todo lo contrario, todos me ayudan, todos aportan, y cuando me enojo por alguna falta a los protocolos, rectifican. Entre los atributos de mi personalidad, tengo un carácter firme, determinado; soy paciente, tenaz, esforzada, y ante situaciones difíciles, el temple siempre me acompaña; pero además, me gusta ser buena amiga, valiéndome de la empatía.

    Equipo de operación

    Arquitecta Alma Acuña, con gran parte de su equipo de colaboradores.

    Entre los atributos de mi género, disfruto ser maternal, cuidando el bienestar de mi gente, asegurándome de que todos salgamos con bien de la jornada, y descansemos con dignidad y plenitud al final del día; y cuando la lógica no me alcanza para resolver un problema, la intuición femenina siempre me asiste”.

    Pero, si bien los atributos propios de personalidad y género han ayudado a Alma Acuña en esta tarea, también sus habilidades; su formación como arquitecta no sólo afinó sus sentidos –particularmente la observación y la visualización de ideas-, sino también el perfeccionamiento de los “trazos”, cuando de bocetar un plan en la mente se trata; los detalles siempre son importantes, afirma.

    Sin duda, cuando se lleva a cuestas una responsabilidad de esta envergadura y se trabaja con un equipo de 120 personas, todos los días puede haber detonantes de enojo, por un sinnúmero de razones que ponen en riesgo la logística y la planeación.

    “Para mí, los tiempos son fundamentales, porque una operación tan delicada como ésta no se puede trabajar bajo presión, pues es justo en esa circunstancia cuando se comenten errores fatales. Por ello, la puntualidad de los trabajadores es sumamente importante, y ellos lo saben; asimismo, la comunicación es fundamental, por medio de juntas, a través de los radios, en los tiempos de descanso, etc.

    Una mala indicación, una mala interpretación o una mala maniobra pueden sacarnos de control y provocar un caos, y por ello es que en esta tarea de liderazgo no estoy sola; tengo dos compañeros que me ayudan muchísimo, Marcel Fehr –de nacionalidad suiza y experto en trabajo de equipo- y Josué Barrera -colaborador especialista en maniobras, con 12 años de experiencia en la empresa y conocedor experto tanto de los equipos como de la gente-, ellos vienen caminando a lo largo del convoy, observando a nivel de cancha los detalles que los operadores no pueden detectar desde las cabinas, su labor es tan importante, que si ellos no dan instrucción respecto a un movimiento, el convoy no se mueve.

    Asimismo, al frente va un ingeniero, Héctor Flores González, visualizando el camino a lo lejos y comunicándose constantemente con los operadores, para mantenerlos alertas. Mi tarea es hacer los programas de trabajo y evaluar la capacidad del equipo en general, para analizar las condiciones en las que podemos movernos en el tramo siguiente, dependiendo de todos los obstáculos que tengamos; después, coordino las acciones a ejecutar, como mover un letrero, levantar un puente, remover cables.

    Para ejecutar esta tarea requiero de tanta concentración, que no me gusta que, por acciones y circunstancias ajenas a nuestra operación, gente externa nos venga a presionar, pues yo me debo mantener ecuánime, cuidando mi capacidad de reacción y decisión en todo momento”, señala Alma Acuña.

    “A 15 kilómetros de llegar a nuestro destino, me satisfacen los resultados, pues todo ha salido conforme a lo planeado. Las interrupciones estaba previstas, pues iba a ser inevitable que entidades ajenas a nosotros nos detuvieran en ciertas localidades; cómo prever, por ejemplo, que un grupo de paracaidistas nos habrían de impedir pasar por ciertos ejidos; imposible preverlo.

    Sin embargo, a pesar de dichas contingencias, estamos llegando a destino con el equipo en perfectas condiciones, y con nuestro equipo de colaboradores completo. No hemos tenido incidentes ni accidentes fatales, afortunadamente”.

    Tratar de destacar un desafío mayúsculo a lo largo del trayecto se hace difícil, señala la arquitecta, porque todos los desafíos diarios han sido difíciles a lo largo de 14 meses de trayecto: “Pese haber trazado la ruta menos riesgosa posible, nos fue inevitable cruzar parte de la sierra -con sus respectivos accidentes geográficos-, darle vuelta a un túnel, hacer trabajos de terracería en terrenos donde no había camino, subir un puente alto, atravesar las zonas de los parques industriales, y coordinar acciones para generar el menor número de afectaciones posibles a la población; atravesar la ciudad de San Juan del Río, por ejemplo, fue muy complicado, porque afectamos necesariamente la vida diaria de sus pobladores, lo cual nos generó mucha presión”.

    Y es que, sin poder evitarlo, el traslado de estos tambores de coque representó afectación a la población de los lugares por donde pasaron, provocando desde luego, un sinnúmero de preguntas, aunadas a las naturales molestias por el tránsito vehicular varado en algunos puntos: ¿quién reparará los puentes dañados? ¿Cuánto tiempo nos dejarán sin teléfono o luz? ¿Cuándo regresarán a colocar los puentes desarmados? Sin contar las suspicacias relativas a la millonaria inversión de Pemex, cuando se supone que la empresa está en quiebra, que exportamos gasolinas por no tener capacidad de refinarlas en México, y que las operaciones de la paraestatal se han venido traspasando a extranjeros, bajo el amparo de una reforma energética opaca.

    Pero al margen de todas estas molestias comprensibles, vale la pena esforzarnos en extraer de ese contexto la operación logística, y mirarla con el reconocimiento debido. Mucho se nos ha criticado a los mexicanos por no saber trabajar en equipo, pero proyectos como éste, nos obligan a cuestionar con objetividad si la incapacidad está en la gente o en el liderazgo.

    El impresionante tamaño de los tambores vistos desde el piso, intimida tanto como los desafíos de México en estos momentos; pero, si un equipo de mexicanos ha podido cargar con ellos a lo largo de 998 kilómetros y llegar a destino exitosamente, ¿no podremos muchos otros cargar con los propios, por caminos largos y sinuosos? Hago votos por que el traslado de los tambores de coque nos lleve más allá de una charla de sobremesa; permítanme con este suceso hacer una analogía, para ilustrar el potencial que México tiene en sus trabajadores, que no dejándose intimidar por el tamaño de la carga, llegan a destino exitosamente y con buenos resultados.

     

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    Escrito por Adriana Holohlavsky

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