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  • PERSPECTIVAS 2019: El susurro devorador del “Hiperrealismo”

    Perspectivas 2019

    Sin duda lleva usted varios foros y lecturas recorridos, donde el tema a escuchar o leer ha sido el de las perspectivas económicas a partir del cambio de gobierno, por lo que asumiendo ya resuelta esa necesidad informativa, este año abordaré un tema mucho más profundo: ¿qué hay detrás de la cada vez más estresante actividad logística?

    Cada vez resulta más difícil entender y explicar el mundo que nos rodea, el comportamiento de la gente, de los sistemas sociales, económicos y políticos, e incluso, aquél de los objetos que acompañan nuestro diario acontecer. La humanidad ha llevado el “exceso” al límite en todos los sentidos, y la locura y violencia que se percibe alrededor, parece responder a la dificultad de administrar ese exceso. Cualquiera que fuese el tema a tratar, el “exceso” es la causa, y dígame usted si no. Pero siendo nuestro tema la Logística, hoy me enfocaré en hablar del exceso a resolver en el terreno del almacenamiento, la distribución y la transportación, teniendo desde luego que pasar, por el exceso de producción.

    Permítame comenzar esta reflexión con una pregunta: ¿Percibió usted acaso el momento en que cruzamos la frontera entre lo necesario y lo superfluo; entre la realidad y lo virtual; entre la dualidad y la bipolaridad; entre la expansión y el desbordamiento; entre la cordura y la locura? De pronto nos encontramos del otro lado de la línea divisoria sin saber cómo llegamos ahí. Donde quiera que nos pongamos, observamos estrés, activismo, y si pudiéramos desafiar a la gravedad para observar desde afuera a este mundo físico, veríamos al tiempo correr aceleradamente, como cuando corremos un vídeo en cámara rápida. En medio de esa locura, trate de visualizarse a sí mismo; seguramente se observa dando instrucciones a veces desesperadas, contestando mensajes diversos, observando diferentes pantallas a la vez, revisando agendas, conciliando tiempos, apagando “fuegos”… pasando los dedos entre sus cabellos (si es que el estrés los ha dejado en su sitio) y desplomándose finalmente en el asiento de su oficina, donde repentinamente una enésima llamada lo regresa a la realidad… “¿A qué hora llegas a casa? Te estamos esperando”.

    En el rol que me tocó jugar como editora de logística, he observado por años este activismo desde afuera, y cada vez me pregunto con más preocupación, ¿hasta cuándo aguantarán los logísticos este demandante ritmo? Al estirarse como hombres goma ante la demanda de clientes, usuarios y consumidores, a veces me los imagino “reventando” por lo más delgado. Y esa es la razón por la que en esta ocasión quisiera invitarlos a la reflexión.

    Ciertamente, el modelo de consumo que el capitalismo ha generado, y que funcionó a la perfección durante el siglo veinte, ha llegado al límite y empieza a desbordarse en este siglo veintiuno. Si miramos retrospectivamente en la historia, cada siglo ha traído sus propios desafíos, generando asimismo sus propias revoluciones, para dar paso finalmente a nuevos modelos. Sin duda, las TI revolucionaron el mundo físico del siglo pasado, y nos ponen frente a un mundo digital para el que todavía no estamos preparados, porque seguimos lidiando con un mundo físico. Hoy quisiéramos mover las mercancías a la velocidad de un “click”, tal como movemos la información; quisiéramos comunicarnos tan diáfanamente como lo hacen los software; y quisiéramos producir tan escrupulosamente como lo hacen los robots, pero qué hacemos con el humano y todo lo que implica su “humanidad”? Me parece que este desafío es el que realmente debiera ponerse en perspectiva ante la Revolución 4.0 y la Cuarta Transformación.

    La voz de Jean Baudrillard sigue resonando a once años de su muerte. Este filósofo, lingüista, sociólogo y metafísico estudió a profundidad el “hiperrealismo” en el que nos encontramos sumergidos, y donde los modelos de simulación han suplantado a la realidad en todos los terrenos. Estos modelos de “ficción” nos han adormecido, impidiéndonos mirar con objetividad el proceso doloroso del cambio entre Eras, y de pronto nos encontramos actuando y viviendo como “robots”, dejando de lado la esencia humana que nos debiera caracterizar. Entre las cosas que no hemos podido observar oportunamente está el desbordamiento del exceso, descrito por Baudrillard bajo el término “Efecto Beaubourg”, que bien podríamos representar como una burbuja autómata de gel, que crece a medida que ingiere gel, hasta implosionar y desparramar el mismo producto objeto de su consumo, el cual vuelve a ingerir ante la incapacidad de eliminar lo residual.

    “Beaubourg es por primera vez a escala de la cultura, lo que el hipermercado es a escala de la mercancía: el operador circular perfecto, mediante su propia circulación acelerada”, señala Baudrillard en su libro Cultura y Simulacro. “Pero, si los stocks de objetos acarrean un almacenamiento de hombres, la violencia latente en el stock de objetos acarreará también la violencia de los hombres”, apunta.

    ¿Es la masa de consumidores equivalente u homóloga a la masa de los productos? La confrontación y la fusión de estas dos masas que se dan tanto en el hipermercado como en Beaubourg –ambos propios del hiperrealismo- hacen de la cultura actual algo muy distinto a la tradicional observada en museos, galerías, bibliotecas, monumentos, literatura, etc. Antes, el hombre era el productor de esa cultura, y hoy son los objetos, las mercancías, los productos los que la conforman, sometiendo y rebajando al hombre a su subordinación. Hoy, la cultura ya no responde a un intercambio social real, como tampoco la manufactura responde a la satisfacción de una necesidad real; bajo el hiperrealismo que vivimos, la hipercultura y la hipermercancía responden a los excesos creados por modelos de simulación y de ficción (necesidades creadas ficticiamente y a modo), a los cuales respondemos irreflexivamente con un exceso de actividad sin sentido. “Nunca como ahora, la cultura había perdido la memoria en provecho del almacenamiento y la redistribución funcional de mercancías… Por doquier, en el mundo civilizado, la construcción de stocks de objetos ha llevado consigo el proceso complementario de los stocks de hombres –filas de espera, embotellamientos, concentraciones, congestiones diversas (en aduanas, puertos, carreteras, aeropuertos, etc.)”, continúa señalando Baudrillard en su libro.

    Esta acumulación acaba traduciéndose en una densificación de energías que empujan al exceso de control: la hiperregulación, que necesariamente demanda visibilidad y transparencia. ¿Qué otra cosa es el Blockchain si no una respuesta a esta densificación de energías desbordadas?

    La creciente vulnerabilidad –también producto de un modelo de simulación si lo analizamos a fondo- empuja hacia modelos de control nunca imaginables, pero si reflexionamos que éste es justo el objetivo primordial de esta Era, entonces podemos empezar a respondernos preguntas respecto a las cosas extrañas que pasan a nuestro alrededor y que acabamos percibiendo como inseguridad.

    La creciente vulnerabilidad –también producto de un modelo de simulación si lo analizamos a fondo- empuja hacia modelos de control nunca imaginables, pero si reflexionamos que éste es justo el objetivo primordial de esta Era, entonces podemos empezar a respondernos preguntas respecto a las cosas extrañas que pasan a nuestro alrededor y que acabamos percibiendo como inseguridad.

    Baudrillard advertía que llegados a este punto, el “efecto Beaubourg” actuaría como un agujero negro, que acabaría por autoaniquilarse, no sin antes -por supuesto-, devorar todo aquello que gravitara a su alrededor. ¿Qué perspectivas pueden esperarnos de no entender el enfrentamiento de estas energías desbordadas por el exceso en la Era del hiperrealismo? Sin duda, la consigna este 2019 es hacer conciencia, despertar del coma al que el hiperrealismo nos condenó, y apelar a la simplicidad, a la medianía y a la virtuosa magia de poner límites, en aras del respeto al trabajo de unos y otros. La voracidad ha sido y será por siempre, un camino cerrado.


     

    Escrito por Adriana Holohlavsky

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