CULTURESPREAD: Hablemos de Sostenibilidad

marzo 1, 2021 - Por Inbound Logistics Latam
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Hablemos de Sostenibilidad

 

Por Isela Carmona Cardoso *

La electricidad y el petróleo se utilizan en prácticamente todos los aspectos de la vida del ser humano. Esa dependencia le tomó a la humanidad un siglo, ¿cuánto tiempo le costará reciclarla, reconvertirla, revertirla, reformarla e incluso eliminarla, para hacer de la Tierra, un planeta “sostenible”?

 

“Nunca la sabiduría dice una cosa y la naturaleza otra”Décimo Junio Juvenal, poeta romano-

 

En 2015, la ONU aprobó la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, “una oportunidad para que los países y sus sociedades emprendan un nuevo camino con el que mejorar la vida de todos, sin dejar a nadie atrás”. La Agenda cuenta con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incluyen desde la eliminación de la pobreza hasta el combate al cambio climático. Esta agenda se revisa o reafirma cada año en el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés), o más conocido como Foro de Davos (Suiza), una movilización de líderes mundiales, para dar forma a los principios, políticas y asociaciones necesarias en este desafío conjunto. A esta agenda se alinean Organismos Internacionales de diversas índoles: financieros, de desarrollo, económicos, de cooperación y políticos. Precisamente, en la edición pasada de la revista, enmarcamos las Perspectivas para 2021 del Informe del Deutsche Bank, en concordancia con esta agenda.

En específico, y según el Grupo de Expertos del “Cambio Climático” (2013), en relación a la Agenda se ha concluido: que la calentamiento en el sistema climático es inequívoco y, desde la década de 1950, no han tenido precedentes; que la producción de cereales se reduce un 5% aproximadamente, por cada grado de aumento en la temperatura; que entre 1901 y 2010, el nivel medio del mar en el mundo aumentó 19 cm; que las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) han aumentado casi 50% desde 1990; que las pérdidas anuales promedio causadas sólo por tsunamis, ciclones tropicales e inundaciones alcanzan los cientos de miles de millones de dólares, y que exigen inversiones de unos 6,000 millones de dólares anuales, sólo en gestión del riesgo de desastres. 

Estos hechos por demás contundentes, impulsaron a que en 2015 la Organización de las Naciones Unidas adoptara, entre los Objetivos Globales para el Desarrollo Sostenible, medidas urgentes para combatir al cambio climático y sus efectos. La meta es limitar el aumento de la temperatura media global a un máximo de 2°C respecto a los niveles preindustriales con el compromiso de carácter financiero de movilizar, para el año 2020, 100 mil millones de dólares anuales. Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2017) estima que para 2030, y con el objetivo de cumplir con las metas establecidas, se requieren casi siete billones (millones de millones) de dólares para fondear proyectos de infraestructura amigable con el medio ambiente. Para el caso de México, la Corporación Financiera Internacional (2016) estimó un potencial de inversión en energía renovable del orden de 75 mil millones de dólares. 

En 2015, los líderes mundiales de 195 países se reunieron en la Convención (Protocolo o COP21) de París, de los cuales, sólo 96 países y la UE lo firmaron, tan solo 58 países contemplan metas en sus leyes o políticas nacionales, y en apenas 16 países, las medidas y objetivos fijados son suficientes para cumplir con los compromisos. Los principales países contaminantes (EUA y China) no firmaron estos compromisos ni pusieron metas específicas, a más de no existir medidas coercitivas como sanciones o aranceles a quien no los cumpla. En conjunto, EUA, China y la Unión Europea contribuyen con el 41.5% de las emisiones globales totales, seguidos de India, Rusia, Japón y Brasil, y los 100 últimos países (incluido México y el resto de Latinoamérica) representan sólo el 3.6% del problema.

El sector energético es el mayor emisor de gases de efecto invernadero; sin embargo, es la electricidad la que lidera el ranking. Resulta irónico más que contradictorio que, al ser la electricidad generada por diésel (derivado del petróleo) se promueva como panacea la sustitución o migración de automotores de diesel-gasolina a electricidad, como la “solución” al problema, cuando aún no se ha resuelto el suministro o recarga de energía eléctrica no contaminante, para que puedan movilizarse. Si bien se ha intentado satanizar al petróleo, combustible fósil por excelencia -y por extensión a las refinerías-, el dilema está en cómo un mundo con tan elevada dependencia a él, lo sustituirá en tan sólo 10 años (2030). Simplemente imagine todo lo que depende en este mundo, de los diversos derivados de este combustible fósil: diésel, gas butano, asfalto, plásticos, fertilizantes, plaguicidas, fungicidas, herbicidas, colorantes, modificadores o potenciadores de sabor, telas sintéticas, detergentes, disolventes, jabones, perfumes, tintes, cosméticos, fármacos, productos sanitarios, etc.

 

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El tema no es demeritar la devastación del planeta por la injerencia del ser humano en la contaminación, sino ir más allá del señalamiento de la mera emisión de gases de efecto invernadero por petróleo y electricidad, ya que existen otras fuentes de contaminación en igualdad o hasta con efectos peores, a los que no se les está poniendo la misma atención. Tan solo por mencionar algunos, la agricultura y ganadería intensivas son responsables por el 18% de las emisiones de gases con efecto invernadero, representando apenas “la punta del iceberg”. El ganado y sus productos derivados generan al menos 32,000 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) al año, equivaliendo al 51% de las emisiones de gases de efecto invernadero; asimismo, genera el 65% de las emisiones de óxido nitroso (gas hilarante con efecto anestésico y disociativo), el cual podría ser 296 veces más destructivo que el CO2. Las 1.5 mil millones de vacas y animales de granja emiten decenas de gases contaminantes, incluyendo al metano, cuyo promedio diario equivaldría a la contaminación que produce un auto en un día. Dos tercios del amoníaco provienen de las vacas, y la industria de la carne utiliza 1/3 del agua potable del planeta, sin ahondar en lo que causan en materia de deforestación y el final de la vida salvaje en algunas zonas del planeta. 

No menos impactante es el uso de leña. Tan sólo en México, 21.1 millones de personas del área rural y 4.5 millones de las zonas urbanas consumen leña que se extrae de zonas ecológicas. La leña es un recurso importante para las comunidades rurales por ser un combustible para cocinar, calentamiento de agua y calefacción en el hogar. También tiene un impacto económico, ya que es empleada en las pequeñas industrias como alfarería, panadería, tortillería, elaboración de barbacoas en hornos, rosticerías y cocción de ladrillos. Irónicamente, esta población no usa electricidad ni petróleo, por no tener acceso a ello, pero igualmente contribuye al cambio climático vía la deforestación. 

Cabe mencionar que el estudio del impacto del calentamiento global y los efectos de la contaminación en el medio ambiente es relativamente reciente; de hecho, las acciones más enfocadas se vienen implementando en la última década. Sin embargo, los científicos aún no terminan de ponerse de acuerdo, pues existen evidencias de cambios climáticos a lo largo de la historia del planeta bien documentados, contradiciendo la teoría de la era moderna o de industrialización per se. Como observamos, hay mucho dinero en juego, así como presupuestos públicos e intereses de privados, activistas, asociaciones civiles y filantrópicas de por medio, por lo que pueden existir intereses que desvirtúen loables intenciones y efectos multiplicadores. Soluciones existen, acciones concretas pero aisladas, desarrollos científicos para revertirlos y hasta soluciones sofisticadas de financiamiento, como la alta ingeniería financiera vía emisiones bursátiles de “bonos verdes” por parte del Sistema Financiero internacional -incluidos varios países latinoamericanos, entre ellos México-, pero el tema es tan polémico que mantiene en disputa y polarización no sólo a científicos sino a empresarios, gobiernos, sociedad civil y activistas, exigiendo análisis profundos y una visión periférica objetiva. 

La “agenda 2030” incluye diversos tópicos resumidos en la “sostenibilidad”; es decir, un desarrollo que asegure las necesidades del presente, sin comprometer las de futuras generaciones, lo que redunda al final en una concatenación de factores, en una suerte de dilema de qué es primero “el huevo o la gallina”; por dónde empiezan y dónde terminan, y en el interín, cómo están interconectados. No es posible solucionar uno, si no se soluciona otro antes o simultáneamente. ¿Cómo resolver el cambio climático y al mismo tiempo destinar recursos para el crecimiento económico y bienestar social, con amplias brechas de desigualdad de todo tipo? Y es que algunos dependen de “contaminar” para sobrevivir, mientras otros dependen de contaminar para mantener el crecimiento de su riqueza. 

La electricidad y el petróleo se utilizan en prácticamente todos los aspectos de la vida del ser humano. Esa dependencia le tomó a la humanidad un siglo, ¿cuánto tiempo le costará reciclarla, reconvertirla, revertirla, reformarla e incluso eliminarla, para hacer de la Tierra, un planeta “sostenible”?


* Isela Carmona Cardoso es Licenciada en Administración Financiera, con más de 25 años de experiencia en banca de desarrollo, banca comercial y Sofomes, por lo que ha publicado artículos diversos en temas financieros, económicos y de administración pública y privada. Actualmente es consejera independiente en empresas y entidades financieras, y se le puede contactar vía Linkedin.

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